Artículo originalmente publicado en Público.es – versión archivada

Porque en un mundo (todavía) dominado por dinámicas (hetero)patriarcales no es lo mismo pasear por la calle, entrar en un bar a saborear un vino o visitar un templo famoso siendo mujer. He reunido las 10 situaciones más flagrantes que me han ocurrido viajando, y estoy segura que tú también lo has vivido.

Yo con mis mochilas listas para empezar un viaje. ¡Ojo¡ ¡No son todas mías!

Hay situaciones a las que nosotras nos enfrentamos mientras exploramos nuevos mundos – con sus estructurales y particulares macro y micromachismos – que compartimos. Situaciones que vivimos porque somos mujeres. Situaciones que ocurren explorando nuevos mundos o muchas de ellas simplemente cuándo bajamos a comprar el pan en nuestro barrio de toda la vida.

En este artículo enumero algunas de ellas, las 10 más flagrantes a lo largo de mis viajes, de mi vida. Y añado también alguna que otra sugerencia que me ha funcionado para darle la vuelta, empoderándonos y visibilizándonos en nuestros viajes.

Alerta: Leer el artículo con mente abierta, asimilando seriamente sus contenidos con una pizca de humor a poder ser.

Cuando tienes dudas y preguntas a alguien local por informaciones, preferirás hacerlo a una mujer ¡y lo sabes!

Y esto se deberá al famoso y tan de moda concepto de mansplaining. Esta actitud paternalista, condescendiente y opresora que el interlocutor manifestará en una simple conversación contigo. Porque partirá del supuesto que tu sabrás menos del tema o que tu conocimiento es menos válido.

Lo más probable es que te explique las cosas como si no tuvieras más recursos cognitivos que una tortuga y te interrumpa antes de acabes tu frase. Si puedes, pregunta a una mujer y esto no te pasará tan a menudo…

También me pasa a menudo pedir información a un hombre local del país donde me encuentro y de repente ¡voilá! ¿me he evaporado de la conversación por arte de magia? ¿las diosas me concedieron el poder de la invisibilidad que llevo pidiendo desde niña? ¡No! ¡Sigo allí! Pero para ese hombre no existo, ya que aunque haya hecho yo la pregunta, tanto su mirada como su contestación van dirigidas a mi compañero hombre, y eso que él no ha abierto la boca.

Como veis, esta acción con un nombre tan pomposo, moderno, anglosajón y exclusivo de mansplaining no es para nada exclusivo de los países occidentales, manifestándose (sospecho) en todos los rincones del planeta, incluso los más inesperados. Sí, también ocurre en espacios feminist friendly, creedme…

Cuando quieres alquilar un coche, una moto, un tuk tuk para moverte y te preguntan si sabes conducir…

Idiosincrasias aparte, si voy a alquilar un coche se sobreentiende que puedo conducirlo ¿no? Y enfatizo lo de idiosincrasias aparte porque, sin animo de generalizar (quizás un poquito) como portuguesa os puedo asegurar que sacarse el carnet no equivale necesariamente a saber conducir. Quiénes os habéis atrevido a viajar por las carreteras lusas, sabe de lo que estoy hablando, o mejor, escribiendo…

Donde quiero llegar es que, independientemente del país que seas, de género que seas, podrás conducir genial o no. Pero en la mayoría de los países por donde he viajado, la pregunta de ¿Sabes conducir? va dirigida a mí por el hecho de ser mujer. A mi compañero no le hacen esta pregunta: parten del supuesto de que como hombretón que es, ha explorado su virilidad al volante desde niño. Claro, a mí es que como no me regalaron coches de juguete, sólo cocinas y muñecas para explorar mi feminidad y las labores de cuidado a los que estoy fatalmente asignada, pues no sé que hacer con un coche. ¡Venga ya!

Una vez más, se activan los alertas machistas de «mujer + volante» en nuestro interlocutor y terminamos contestando un cansino y enfadado «Sí, puedo conducir. ¿Cuánto es?»

El machismo en este tema de la conducción es flagrante. Por enumerar algunos ejemplos: Internet está plagada de bromas machistas al respecto; a las mujeres en Arabia Saudí lo de coger el coche les sigue vetado; yo os puedo garantizar que al conducir mi tuk tuk Rojillo por tierras de Sri Lanka fui el punto de todas las miradas por donde pasaba…

Cuando quieres contratar los servicios de guía para visitar algún lugar, elegirás a una mujer

Me pasó en el Machu Picchu, una joya arqueológica cuyo recorrido merece la pena que lo hagas acompañada de alguien que te adentre en sus historias. Al llegar, una cola inmensa para contratar los servicios de un/a guía autorizado/a. Sin embargo, nos sorprendimos ya que se movía bastante rápido.

La gran mayoría de guías eran hombres (¡surprise, surprise!), se acercaban, negociabas precio y empezabas el recorrido. Nosotrxs nos esperamos a encontrar una guía mujer. Sí, empezamos el recorrido un poco más tarde que lxs demás que compartían cola con nosotrxs pero ha merecido totalmente la pena contar con Marisa.

Esta increíble guía no solo se explayó en curiosidades sobre este andino pueblo inca, si no que hasta nos enseñó unas palabras en Quechua. Una pequeña espera pero una pequeña-gran contribución al día de Marisa que nos agradeció haberla esperado.

Cuando pides una cerveza y te traen un zumito…

Esto me pasa viajando por el mundo y por mi barrio. Soy más cervecera que Chris (y que muchxs de mis amigxs) así que la probabilidad de sentarnos en una terracita lxs dos y que a mí me apetezca una cerveza es superior a la suya.

Pues resulta que si estamos juntxs, al pedir una cerveza y un té helado, ¿a quién le ponen la cerveza aunque la haya pedido yo? Correcto: a él. Seguro que lo habéis adivinado porque lo habéis vivido en vuestras carnes.

Lo mismo pasa a la hora de pedir la cuenta. El «gana pan» de la pareja es el hombre ¿no? ¿Qué? ¿Que estamos en el siglo XXI y las mujeres también curramos fuera de casa aunque el mercado laboral insista en tratarnos de forma desigual (en salarios, acceso a puestos de liderazgo, conciliación,…? ¿Entonces también cobramos? ¡Si ya podemos tener cuentas bancarias sin la firma de un tío y todo! ¿Pues entonces porqué insistís en darle la cuenta al chico de la mesa? Sugerencia a lxs camarerxs del mundo: Dejad la cuenta en el centro o a quién os la haya pedido, chico o chica.

Cuando entras en un templo y te sientes más fuera de este mundo que la diosa a la que rinden homenaje…

Sí, porque a ti te tocará cubrirte de arriba abajo y a los chicos no. En algún que otro templo/mezquita/iglesia que visitamos por Asia el código de conducta y vestuario era distinto para las visitantes y para los visitantes.

Lo que hacemos Chris y yo cuando viajamos juntxs es que si me toca cubrir a mí por el hecho de ser mujer, nos cubrimos lxs dos. No dejamos de visitar el templo por una imposición sexista y segregacionista, pero visibilizamos que lo es, como podemos y sin faltar al respeto a nadie (creemos).

En Ubud (Bali), entrando al Holy Spring Water Temple hace un par de semanas, leí lo más fuerte al respecto hasta hoy, en su cartel a la entrada: ¡no podríamos entrar las mujeres con la regla!

¿Qué os parece? Aquí el estigma social de la menstruación va más allá del imaginario colectivo en Portugal o España (las realidades de las que puedo hablar con conocimiento de causa) donde todavía nos pedimos tampones discretamente a las compañeras como si estuviéramos confesando un crimen, o nos preguntan si estamos malas o si estamos en «esos días» (seguido de flujo de bromitas menstruales sexistas) … Pues en este templo te vetan la entrada a un templo, directamente.

A este respeto, comenta Cristina E. Lozano en la interesante entrevista que hace a Dhammananda Bhikkhuni, la primera monja budista de Tailandia: «La menstruación es algo natural, pero en el brahmanismo y en el hinduismo se ve como algo impuro. No es un concepto budista, Buda no enseñó tal cosa».

Por el amor de las diosas, es la regla. La tenemos gran parte de las mujeres. Ya va siendo hora de desmitificarla (y ya de paso reivindicar su existencia) ¿no?

Cuando indagas y discutes sobre política y sientes que te has teletransportado a otro planeta

Es increíble. ¡No falla! Tu inglés es más fluido, tu interés en el tema es superior, has profundizado más que tu compañero precisamente porque ese tema te llama más y ¡voilá! te has teletransportado otra vez gracias al mansplaining.

Cuando salga un tema político, con alguien nativo o no, si estás acompañada de un chico, la mirada cómplice de debate y las respuestas se dirigirán a el. Si estás sola, tu tiempo de antena en el debate se reducirá al tiempo que tardas en tomarte una caña.

El mansplaining se acentúa especialmente en debates políticos, esfera a la que solo «recientemente» accedimos las mujeres y donde nos siguen haciendo el vacío. Dentro y fuera: seguimos con más escalones que subir para acceder a la esfera política respeto a los hombres, y fuera de ella tampoco se nos ve capaces de debatir y conjeturar sobre políticas locales, nacionales o globales.

Ahora bien, prueba a hablar de gastronomía y recetas… ¿A que no sabéis a quien van dirigidas las miradas en este caso?…

¿A dónde vas sola?

El Clásico (lamentablemente). Cuantas veces no habremos escuchado esto, yendo efectivamente solas por la calle o acompañadas de otras amigas, a lo largo de nuestras vidas. Pues viajando escuchas lo mismo, pero en distintos idiomas.

Desde niñas la educación patriarcal que recibimos insiste en vernos (y hacernos creer) más frágiles, más delicadas, menos aventureras que ellos. Es lo que tiene encasillarnos en dañinas etiquetas correspondientes a la «feminidad» y a la «masculinidad» en una perversa y anacrónica dicotomía hombre/mujer.

Es urgente deconstruir esta perversidad existente en absolutamente todos los campos de nuestras vidas (desde la primera cocinita que recibimos por el hecho de ser niñas hasta la serie de moda en la tele) para poder tener cada día más referentes de mujeres viajeras, aventureras que desean serlo. Delicadas o no, como queramos, pero que no nos encasillen.

El paternalismo del «A dónde vas sola» disminuiría porque se entendería de una vez por todas que no vamos solas si simplemente no vamos acompañadas de un hombre. Vamos solas, o vamos juntas, pero vamos bien empoderada-acompañadas. Gracias. 🙂

Cuando vas a inscribirte en un curso de buceo y deseas quedarte en el fondo del mar un rato más hasta que se calmen las aguas…

Porque claro que algo tan aventurero, tan lleno de adrenalina, con su cuota de riesgos incluida, es propio de un tío ¿no? Pues eso parece, porque al ir con Chris a inscribirme el mes pasado (porque veníamos juntxs de comer), el boletín de inscripción se lo entregaron a él…

Cuando suelto (alto, lo reconozco) con un tono «ligeramente» cabreado que soy yo la que voy a hacer el curso y acto seguido Chris les comenta que a él no se le ocurriría, que tiene miedo porque el mar le impone mucho respeto, la cara de quien nos entregó los papeles era un poema. Sí, todavía sorprende que yo pueda ser más aventurera (y más cervecera) que mi compañero.

¿Sabéis con quien me pasó esto? Con una instructora. Sí. La misma instructora que en uno de los días me comentó que veríamos tortugas, que seguro que me encantaría porque a las chicas nos gustan más las tortugas y a los chicos los tiburones. Vamos a ver, roles de género everywhere: hasta en ¿qué animalitos observar bajo el mar me condicionáis? Ya basta ¿no?

Y venga chicas, ¡el cambio también se hace y empieza dentro de nosotras mismas!

Cuando te insultan y sólo quieres sacar la ninja que llevas dentro

El socialmente aceptado acoso callejero (mal llamado y conocido como ‘piropo’) también es universal. Nos objetualizan en las revistas, en la películas, y claro, en las calles. Nos pasa en nuestras ciudades y claro, nos pasa viajando.

Las miradas y comentarios de hombres que no conocemos de nada, a los que no hemos preguntado nada y que ni nos dimos cuenta que estaban ahí se hacen hueco (más bien se hacen un enorme agujero en el medio de calle) y, muchas veces, nos amargan el día, el mes, el año, la vida.

¿Por qué por el hecho de ser mujer te sientes con derecho a tejer comentarios sobre mi persona sin ningún tipo de pudor? ¿Por qué no podemos nosotras vivir las calles, las noches, las aventuras igual que tú, chico? ¿Por qué nuestros cuerpos no se pueden vestir como nos apetezca ese día sin tener que lidiar con opiniones babosas que nos harán sentir más inseguras?

Respuesta tristemente sencilla: porque una de las practicas más recurrentes del patriarcado es nuestra cosificación. Como si fuéramos algo que se ha puesto en el mundo para agradar a los hombres, cosas que pueden tocar, maltratar, opinar sin tener en cuenta nuestra opinión.

Pues ¡no! Las calles, las noches, las aventuras, los viajes también son nuestros. Los vivimos como nos de la gana. Y hemos venido para quedarnos.

Cuando encuentras un tesoro y sólo toca disfrutar…

Tenernos calladitas, limitadas en movimiento y causando poco alboroto son prácticas top del patriarcado. Así que toca hacer lo contrario: hacer lo que nos da la gana. Los feminismos son un tesoro que te dotan de gran parte de herramientas necesarias para hacerlo, quien avisa amiga es. Viajar también ayuda. Y tener amigas, crear lazos con otras mujeres, explorar esa sororidad que llevas dentro, más todavía.

Empoderarte, quererte, confiarte, divertirte, reírte de ti misma, abrirte al mundo. Minimizarás los micromachismos que llevas dentro y cuanto a los macro (y micro) machismos de lxs demás, tendrás más claro que hacer con ellos…

Mujeres libres, aventureras, viajeras. Mujeres que son lo que quieren ser: ni más, ni menos. Mujeres que nos nos encasillamos. Mujeres que perseguimos nuestros sueños, no los sueños que nos han impuesto. Mujeres que valoramos nuestros (cada vez más) referentes. Y seremos referentes en un futuro. Mujeres peligrosas porque amenazamos con destrozar un sistema dañino que nos debilita, en cada paso que damos.

Mochila lista con todo esto y toca simplemente ver cuál es el próximo destino.

¡Buen viaje, compañera!

Como pedí al inicio, este es un artículo para leer con seriedad y humor a la vez. Espero que lo hayáis conseguido y que además os haya gustado.

Lo he escrito desde el lugar donde me encuentro, como siempre. Un lugar subjetivo, parcial y puede que incluso incoherente a veces, así soy yo. Intento salvaguardar las distancias, particularidades e idiosincrasias y trato de ejemplificar desde mi mirada feminista mis experiencias personales trasladando a las estructuras patriarcales que nos toca afrontar a todas mientras viajamos, mientras vivimos.

Por supuesto que me he encontrado con muchas personas, mujeres y hombres, que me han hecho sentir maravillosamente bien y me dan aliento, fuerza y ganas de seguir viajando. Pero eso ya para otros artículos 😉

Fuente de los gifs: http://giphy.com/ y https://www.tumblr.com/

Todas las fotos y contenidos son autoría de Randomtrip (excepto las que expresen claramente su fuente) y tienen todos los derechos reservados.

Disclaimer: esta guía contiene links de afiliación, al utilizarlos en Randomtrip recibimos una pequeña comisión. A ti no te cuesta nada e incluso algunas veces te llevas un descuento y nos ayuda y motiva a seguir creando guías tan completas como esta.

¿Te ha gustado nuestra guía? Ahorra y apóyanos

Si nuestra guía te ha ayudado y te ha parecido útil, puedes apoyarnos y ahorrar en tus reservas utilizando los siguientes enlaces:

Además, si quieres ayudarnos a seguir creando guías de viaje completas y gratuitas, hay otra forma en las que puedes apoyar a nuestro proyecto: puedes hacer un donativo (con Paypal o con tarjeta) e invitarnos a un desayuno (5€), una comida en un puesto callejero (10€) o una cena en el destino que estemos explorando (20€) para después recomendar dónde comer en la guia del destino. También puedes hacer un donativo de la cantidad que desees aquí. Más info aquí

¡Muchísimas gracias por tu apoyo, Randomtripper! ¡Nos vemos por el Mundo!

Deja un comentario

Deja un comentario