Itinerario de viaje a Japón de 21 días de Ana y Javi

Itinerario de viaje a Japón de 21 días de Ana y Javi
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¡Hola! Somos Ana y Javi (¡Y Yoko!) y hoy os venimos a contar el itinerario que hemos realizado en Japón durante 21 días para nuestro viaje de novios :) ¡Esperamos que os guste!

Yoko, Ana y Javi a punto de ver el mágico atarder en Miyajima

Yoko, Ana y Javi a punto de ver el mágico atarder en Miyajima

21 días en Japón dan para mucho pero te dejarán con la miel en la boca porque querrás volver, seguro. Nosotros hicimos una ruta optimizada para los destinos que queríamos visitar en el país nipón y, además, poder aprovechar los 21 días de Japan Rail Pass, que podéis comprar desde este enlace.

Mapa con nuestra ruta de 21 días por Japón

Itinerario de ciudades visitadas por día

  • Día 1: Hakone (3 de octubre)
  • Días 2 al 5: Kyoto (del 4 al 7 de octubre)
  • Día 6: Osaka (8 de octubre)
  • Día 7: Nara, dormimos en Osaka (9 de octubre)
  • Días 8 y 9: Koyasan (10 y 11 de octubre)
  • Día 10 – Himeji – visita de camino a Hiroshima -dormimos en Hiroshima. (12 de octubre)
  • Día 11: Hiroshima y Miyajima (13 de octubre)
  • Días 12 y 13: Kanazawa (14 y 15 de octubre)
  • Días 14 y 15: Nikko (16 y 17 de octubre)
  • Días 16 al 21: Tokio (18 al 23 de octubre)

Lista detallada de sitios visitados por día

Vamos a desglosar el itinerario para que veáis el detalle por día:

Día 1: Hakone

Llegamos a Japón el 3 de octubre sobre las 11 de la mañana (salimos de Madrid el día 2 haciendo escala en Milán). Nada más llegar fuimos a comprar una tarjeta sim para los 21 días de estancia (imprescindibles Google Maps e Hyperdia que nos han salvado de más de una) y a recoger nuestro Japan Rail Pass.

Una vez canjeado el Japan Rail Pass en la oficina del aeropuerto de Tokio Narita, nos pusimos rumbo a nuestro primer destino. Como decidimos dejar Tokio para el final, el objetivo era pasar un día tranquilo en algún lugar de camino a Kyoto. Y elegimos Hakone. Para llegar tuvimos que coger un shinkansen, dos trenes regionales y un funicular ya que el alojamiento (el hotel Green Plaza Hakone) estaba bastante apartado. Llegamos sobre las 5 de la tarde, justo a tiempo para ver el atardecer desde nuestra habitación :)

Cenamos en el mismo hotel, nos pusimos las yukatas, nos dimos un relajante baño en su onsen (el primero de varios en distintos hoteles, que, la verdad, nos sentó de maravilla) y nos fuimos a dormir muy pronto ya que estábamos muy cansados del viaje.

Dormimos por primera vez en futones en el suelo, más cómodos de lo que esperábamos. Fue una pena porque el hotel tiene unas vistas magníficas pero estaba nublado cuando llegamos, por lo tanto no pudimos ver el Monte Fuji desde la habitación. De todos modos, para los que tengáis más tiempo, merece la pena investigar la zona ya que se pueden hacer rutas de senderismo muy chulas.

A la mañana siguiente desayunamos y pusimos rumbo a nuestro segundo destino: Kyoto.

Vistas desde la habitación en Hakone. Detrás de las nubes está el Monte Fuji :D

Vistas desde la habitación en Hakone. Detrás de las nubes está el Monte Fuji :D

Días 2 a 5: Kyoto

Si tuviéramos que definir Kyoto en 2 palabras creo que serían: inabarcable y maravilloso. En Kyoto puedes estar 1 mes y no cansarte, no repetir, y no tener gigas suficientes en la memoria de tu cámara. Lo que hicimos nosotros por día fue:

1. El día que llegamos hicimos el check in en el apartamento y nos fuimos a ver el templo de Kiyomizu-dera que estaba muy cerca andando del alojamiento (situado en el barrio de Gion). Es imprescindible beber del agua pura (es lo que significa el nombre del templo) que cae de sus cascadas para tener salud. Luego nos fuimos andando dando un paseo por Gion hasta la turística calle Pontocho, donde cenamos.

Templo Kiyomizu-dera y sus increíbles vistas de la ciudad.

Templo Kiyomizu-dera y sus increíbles vistas de la ciudad.

2. El segundo día hicimos “la ruta de los templos del este”. Desde pronto por la mañana vimos: Yasaka, Shion In, Shoren in (el que más le gustó a Ana, pequeño, sencillo y muy bonito), Nazen-Ji (lo que más nos gustó es un pequeño remanso en lo alto del templo, subiendo unas escaleras y una cuesta, con un pequeño altar, un puente y una cascada), Honen In (una maravilla y casi sin gente, además de gratuito) hasta llegar al famosísimo templo Ginkakuji. Entre medias hicimos parada en un restaurante chiquitito pero muy bueno para comer: Hinode Udon. Volvimos recorriendo el Camino de la Filosofía e intentamos llegar al templo Eikan Do pero acababa de cerrar.  Por la noche cenamos ramen en el restaurante recomendado por Inês y Chris: Ramen Muraji, y no nos defraudó. ¡Buenísimo!

Remanso en Nazen-ji e interior de Shoren in

Remanso en Nazen-ji e interior de Shoren in

3. Al día siguiente llovía mucho pero no fue impedimento para echarnos a la calle. Fuimos a ver el Pabellón Dorado a primera hora (o Kinkaku-ji), lleno de turistas, excursiones de colegios y sobre todo paraguas :) Este día compramos un pass de un día de autobús (que cuesta 500 yenes y lo puedes comprar directamente en los autobuses) y de ahí nos fuimos al templo Ryoanji, con su precioso jardín zen. Luego cogimos dos buses para llegar al bambusal de Arashiyama, comimos algo rápido entre medias y volvimos al centro a ver el castillo de Kyoto (que casi estaba cerrando). Fue toda una sorpresa. Lo vimos casi sin gente por ser última hora y nos encantó lo bien conservado que está, caminar descalzos sobre el suelo de madera y admirar sus puertas decoradas. Además, hay explicaciones en inglés durante todo el recorrido (lo cual se agradece enormemente).

Yoko en el bambusal de Arashiyama

Yoko en el bambusal de Arashiyama

Interior del Castillo de Kyoto.

Interior del Castillo de Kyoto.

4. Nuestro último día en Kyoto decidimos dividirlo en 3: primero visitamos el Museo Nacional de Kyoto (que acababa de re abrir hacía un par de días). Coincidimos con una exposición de los “tesoros nacionales” del país, obras de arte de gran importancia histórica que iban desde la caligrafía hasta esculturas de budas gigantes. Fue muy interesante como inmersión en la cultura japonesa, y ahí aprendimos que los japoneses hacen cola para todo, incluso para ver los cuadros (y también se las saltan cuando quieren). Nuestra segunda parada fue Fushimi Inari-Taisha, obviamente, llenísimo de gente, pero cuanto más recorres el camino y subes por sus empinadas cuestas y escaleras cubiertas de toris rojos empieza a despejarse de turistas y se disfruta mucho más. Nosotros fuimos sin saber que el recorrido era tan largo, 4 kilómetros. Recomendamos subir hasta arriba del todo porque merece la pena. Por último terminamos el día en Nishiki market, donde probamos una ostra gigante, unas bolas rellenas y otras maravillas. Volvimos al apartamento paseando por Gion, al atardecer, y nos cruzamos con dos geishas en dos calles distintas. Dicen que es la mejor hora, justo cuando cae el sol, porque es cuando se trasladan. Por la noche cenamos de nuevo en un sitio de ramen que fue casi mejor que el anterior: Musoshin ramen.

Yoko vigilando sigilosamente a otros turistas en Fushimi Inari-taisha (Kyoto)

Yoko vigilando sigilosamente a otros turistas en Fushimi Inari-taisha (Kyoto)

Fushimi Inari

Fushimi Inari

Nishiki Market

Nishiki Market

Una geisha en el barrio de Gion

Una geisha en el barrio de Gion

Musoshin ramen

Musoshin ramen

Día 6: Osaka

Dejamos el apartamento de Kyoto pronto la mañana del 8 de octubre y pusimos rumbo a Osaka en el shinkansen. Como el check in del apartamento es a partir de las 3 de la tarde aprovechamos que teníamos todo el día y dejamos las maletas en la consigna de la estación (eso sí, nos costó un poco encontrar una libre).

Ya que estábamos muy cerca nos acercamos a ver el Umeda Sky Building y las preciosas vistas de la ciudad desde las alturas. De vuelta comimos un okonomiyaki muy bueno en un restaurante de la estación. Cogemos el tren y nos desplazamos hasta el Castillo de Osaka. Es precioso por fuera pero la visita por dentro nos defraudó un poco – hay objetos expuestos y te cuenta la historia del castillo pero nada del otro mundo (y estaba abarrotado).

Volvimos dando un paseo por los jardines hasta el metro, recogimos las maletas en la estación y después de hacer el check in nos fuimos a dar una vuelta por el barrio de America Mura y después por Dotonbori, la zona más animada de la ciudad. Probamos las famosas takoyakis o bolas de pulpo en un puesto a pie de calle y cenamos en un sitio de sushi y tempura muy popular entre la gente joven japonesa.

Castillo de Osaka

Castillo de Osaka

Las vistas desde el Umeda Sky Building

Las vistas desde el Umeda Sky Building

Takoyakis en Dontobori

Takoyakis en Dontobori

Castillo de Osaka, las vistas desde el Umeda Sky Building y Takoyakis en Dontobori

Día 7: Nara

Estando en Osaka decidimos hacer una excursión de un día a Nara cogiendo el tren (incluido en el JR) prontito por la mañana. Lo bueno de Nara es que se puede ver fácilmente en un día porque todos los puntos de interés están muy cerca. Lo que nosotros hicimos fue: Ir andando desde la estación hasta Kofoku-ji y su gran pagoda, seguir andando hasta Todai-ji (donde se encuentra el gran buda), y seguir paseando por los templos de los alrededores. Entre medias, nos encontramos con un montón de ciervos que te miran con ojillos deseosos para que les des de comer. Llegamos por fin hasta el santuario de Kasuga Taisha (que bautizaremos como el templo de los farolillos) y dimos media vuelta en dirección al centro. De camino, visitamos uno de los jardines más bonitos que hemos visto (que además es gratis para turistas), Isuien Garden. Paseamos hacia la calle principal, comimos un okonomiyaki en un sitio que recomendaba la guía que llevábamos y que nosotros no recomendaremos, y nos dimos un paseo por el barrio de Naramachi, lleno de tiendas de artistas y de artesanos antes de volver a la estación para coger el tren de vuelta.

Los ciervos hambrientos de Nara

Los ciervos hambrientos de Nara

Una niña pasando por la columna del templo Todai-ji

Una niña pasando por la columna del templo Todai-ji

Kasuga Taisha

Kasuga Taisha

Isuien Garden

Isuien Garden

Ya en Osaka visitamos el barrio de Shinsekai que tiene mucha vidilla cuando cae la noche y rivaliza con Dotonbori en neones y ruido. Acabamos cenando en un sitio maravilloso (Robatayaki Tanuki Chaya) unas vieiras y una carne de llorar que el cocinero preparaba a la vista de todos.

El barrio de Shin-Sekai al atardecer

El barrio de Shin-Sekai al atardecer

Llamémosle “el restaurante de las vieiras”

Robatayaki Tanuki Chaya

Días 8 y 9: Koyasan

Una de las experiencias que más nos apetecía en Japón era la opción de quedarnos en un templo budista en Koyasan, lugar sagrado de la secta budista Shingon. Fueron dos días muy bonitos y además tuvimos la suerte de que el tiempo nos acompañó. Eso sí, no es una opción demasiado económica pero sí es perfecta para darse un pequeño capricho y vivir una experiencia diferente.

El templo que elegimos fue Ekoin Temple. Es un templo con unas instalaciones preciosas, unas habitaciones perfectas, con onsen y regentado por monjes jóvenes muy amables y atentos. 

Llegamos el día 10 sobre las 14.00h (para llegar hay que coger un par de trenes, un funicular no apto para aquellos que tengan vértigo y un autobús). El primer día decidimos descansar un poco ya que la habitación era una maravilla y teníamos todo el día siguiente para visitar el lugar. Asistimos a la sesión de meditación de la tarde, disfrutamos de la cena vegetariana en la habitación a las 17.30h de la tarde y a las 19.30 hicimos el tour de noche por el cementerio de Okunoin, donde está enterrado el monje fundador de Koyasan. Cuesta 1.500 yenes pero disfrutamos mucho con la atmósfera del cementerio de noche y las explicaciones del monje que nos acompañaba.

Nuestra habitación en Ekoin temple

Nuestra habitación en Ekoin temple

La cena vegetariana

La cena vegetariana

Al día siguiente nos levantamos para asistir a las oraciones de las 6.30 y la ceremonia del fuego a las 7.00h. Un madrugón que mereció la pena. Después del desayuno, también vegetariano, nos dedicamos a visitar Koyasan con tranquilidad. La mayoría de los turistas pasan allí una noche, pero si quieres explorar el pueblo con tranquilidad te recomendamos quedarte 2 noches o llegar muy pronto el primer día. Volvimos a ver el cementerio Okunoin de día (que es completamente distinto) y el momento en que los monjes le llevaban el desayuno a Kōbō-Daishi, el fundador de la secta de budismo Shingon, que según sus creencias sigue meditando en su mausoleo 1200 años después. Después nos dedicamos a ver tranquilamente los templos y pagodas de Koyasan.

La ceremonia del fuego

La ceremonia del fuego

Un monje paseando por el increíble cementerio Okunoin

Un monje paseando por el increíble cementerio Okunoin

Días 10 y 11: Himeji, Hiroshima y Miyajima

Los días 12 y 13 de octubre fueron bastante ajetreados. El día 12 salimos de Koyasan pronto por la mañana con dirección Hiroshima, previa parada en Himeji. Este día decidimos mandar las maletas mediante el servicio de mensajería Yamato desde el mismo templo directamente hasta Miyajima (donde llegaríamos el día 13) para no ir cargando con las maletas.

La parada en Himeji teníamos muy claro que era un imprescindible en la ruta y nos alegramos muchísimo de hacerla. El castillo de Himeji es uno de los más bonitos que hemos visto. Además, se puede comprar una entrada combinada con el jardín Koko-en para aprovechar la visita. No nos dió tiempo a mucho más porque ese día dormiríamos en Hiroshima y aún nos quedaba un trayecto de una horita larga en shinkansen.

El castillo de Himeji, conocido como "la garza blanca"

El castillo de Himeji, conocido como “la garza blanca”

Los jardines de Koko-en

Los jardines de Koko-en

Llegamos por la noche el mismo día 12 a Hiroshima, para hacer el check in en el Hotel Sunroute, muy bien situado, frente al parque del Monumento de la Paz. Si vais, pedid una habitación en una de las plantas altas porque las vistas no están nada mal. Nos dimos una vuelta para buscar un sitio para cenar (lo reconocemos: después de dos días de recetas budistas vegetarianas, nos dimos a la carne) y nos acercamos a ver la Cúpula de la Bomba Atómica de Hiroshima o Genbaku Domu iluminada, que le da un toque especial (quizás incluso más bello de lo que debería para un monumento que recuerda un hecho tan terrible). A la mañana siguiente visitamos el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, situado en el parque. Y esta ha sido una de las experiencias más dolorosas del viaje. Entrar cuesta tan sólo 200 yenes y merece muchísimo la pena, con explicaciones en inglés muy didácticas, pero la parte final del museo es durísima. Salimos hechos polvo. Así que, sin prisa, fuimos dando un paseo hasta el Castillo de Hiroshima (que vimos por fuera) y fuimos directamente a coger el ferry dirección una de las paradas que más ilusión nos hacía del viaje.

Cúpula de la Bomba Atómica

Cúpula de la Bomba Atómica

Una niña a la salida del templo sintoísta al lado del castillo de Hiroshima

Una niña a la salida del templo sintoísta al lado del castillo de Hiroshima

Esa parada era Miyajima. Cuando Inês y Chris volvieron de su estancia en Japón con nuestros también amigos Romain y George decidieron que querían regalarnos esta preciosa experiencia, y fue sin duda una de las mejores del viaje. Nos alojamos en el ryokan Iwaso, una auténtica maravilla. La cena en la habitación fue deliciosa y muy abundante y el servicio era inmejorable, por no hablar de los futones (¡comodísimos!) y el precioso y tranquilo onsen en el que nos relajamos al acabar el día.

Ryokan Iwaso: cena en la habitación

Ryokan Iwaso: cena en la habitación y la entrada del alojamiento

En Miyajima subimos al mirador en teleférico, entramos en el Santuario Itsukushima y vimos el atardecer con el gran torii de espectador. Fue sin duda un día mágico. Aprovechando que nos quedamos a dormir fuimos a ver el torii de noche, iluminado, cuando la marea estaba baja.

Subida en el funicular (de vértigo)

Subida en el funicular (de vértigo)

El precioso atardecer contemplando el torii más famoso de Japón

El precioso atardecer contemplando el torii más famoso de Japón

Días 12 y 13: Kanazawa

El día 14 pronto por la mañana muy temprano salimos hacia Kanazawa. Nuestra idea original era ir a Sirakawa-go y a Takayama pero por distintos motivos no nos encajó así que acabamos haciendo una etapa muy poco ortodoxa de 5 horas de viaje. Casi nos arrepentimos pero la verdad es que al final Kanazawa consiguió sorprendernos. Llegamos sobre medio día y después de hacer check in en el Hotel Pacific Kanazawa nos lanzamos a recorrer la ciudad empezando por los jardines Kenroku-en. Luego fuimos dando un paseo hasta el barrio de geishas de Higashi Chaya-gai y terminamos cenando cerquita del hotel en un restaurante menos tradicional pero muy bueno: Bistro Teppan J’ai faim.

El día 15 lo dedicamos a recorrer Kanazawa con un poco más de tranquilidad. Nuestra primera parada fue el antiguo barrio de samuráis, Nagamachi, que nos sorprendió muy gratamente. Vimos un par de casitas abiertas gratis al público y la más conocida: Casa Samurai Nomura. Está perfectamente conservada y la visita es muy recomendable. Después, para contrastar, pusimos rumbo al Museo de Arte Contemporáneo Siglo XXI. Había un poco de cola para entrar (las mayores colas y esperas que nos hemos encontrado han sido en museos) pero os recomendamos pagar la entrada conjunta para las exposiciones. Instalaciones de arte contemporáneo, diseño, tecnología. Todo (o casi todo) muy interesante. Cuando salimos se nos había hecho un poco tarde y buscamos un sitio para comer cerca del museo. Era domingo y había muchos sitios cerrados pero por suerte nos encontramos con uno de los mejores restaurantes de ramen que probamos en nuestra estancia en Japón: Ippudo. Luego descubrimos que es una cadena pero las gyozas y el ramen estaban exquisitos. Por la tarde nos acercamos al templo budista Myōryū-ji (más conocido como el templo ninja aunque no tiene nada que ver con los ninjas). De primeras no son especialmente amables y sólo hacen rutas en japonés (facilitan un librillo explicativo en inglés) pero es muy recomendable porque es muy original. Se trata de un templo pensado en su momento para engañar a los enemigos del shogun de la ciudad, lleno de trampas, pasadizos y habitaciones secretas. Terminamos el día en nuestro primer karaoke antes de cenar un delicioso sushi en el restaurante Kusunoki.

Javi en una de las casas samuráis gratuitas de visitar

Javi en una de las casas samuráis gratuitas de visitar

Una turista en el Museo de Arte Contemporáneo

Una turista en el Museo de Arte Contemporáneo

El ramen y las gyozas de Ippudo

El ramen y las gyozas de Ippudo

Días 14 y 15: Nikko

El día 16 nos pusimos rumbo a la penúltima parada en nuestro itinerario: Nikko. Otro de esos trayectos poco ortodoxos porque para llegar desde Kanazawa a Nikko fueron casi 4 horas de viaje. Había que hacer dos cambios de tren, uno de ellos en la conocida ciudad de Utsunomiya. Conocida, decimos, por sus deliciosas gyozas, así que decidimos hacer parada para comer. Nada más salir de la estación, a la izquierda, vimos un sitio con japoneses haciendo cola y fotografías de gyozas en la puerta, así que allá que fuimos. Probamos unas deliciosas gyozas “normales”, vamos, las que encuentras en todos sitios, y unas con una masa verde y empapadas en caldo que estaban espectaculares.

Yoko probando las deliciosas gyozas de Utsunomiya

Yoko probando las deliciosas gyozas de Utsunomiya

Llegamos a Nikko por la tarde y como estaba lloviendo bastante y era el cumpleaños de Ana decidimos relajarnos en el hotel (en este caso era el Nikko Classic hotel, en frente de la estación). Nos dimos un baño en el Onsen y luego salimos a cenar algo, pero la verdad es que no encontramos mucho abierto después de las 5 de la tarde. Pasa como con Miyajima, una vez se van la mayoría de los turistas (mucha gente hace una excursión de un día), cierran los negocios y se queda bastante vacío. Cenamos en un restaurante de sushi que nos dejó un poco fríos a pesar de que tenía buenas críticas.

Al día siguiente desayunamos en el hotel (un buffet bastante abundante y rico, a la occidental) y nos dedicamos a ver Nikko. Tuvimos mucha suerte porque justo ese día fue la procesión de los 1.000 samuráis y pudimos verla entera. Luego entramos a ver el santuario Tōshō-gū (Patrimonio de la Humanidad) y sinceramente nos dejó boquiabiertos. Después de tantos días en Japón ya teníamos un máster en templos pero este nos sorprendió, sin duda es uno de los más bonitos que hemos visto. Comimos algo en los puestos que había en los alrededores de la procesión y luego fuimos a otro par de santuarios. Nos llamó mucho la atención el templo Taiyū-in ya que para llegar tienes que subir unos cuantos tramos de escaleras rodeadas de altísimos árboles. Más tarde nos acercamos a ver la antigua residencia imperial de verano. Probablemente, mucha gente se lo salte pero a nosotros nos gustó mucho, está muy bien cuidada, hay empleados que te van explicando cosas durante el recorrido y además tiene unos jardines preciosos, y más en otoño. También nos asomamos al famoso puente de Shinkyo y por último nos acercamos a ver los budas de Kanmangafuchi abyss (que protegen a los viajeros y a los niños pequeños), situados en un acantilado al borde del río. Nosotros fuimos al atardecer y casi no quedaba gente, lo cual lo hizo aún más especial.

La procesión de los 1.000 samuráis

La procesión de los 1.000 samuráis

Los budas de Kanmangafuchi Abyss

Los budas de Kanmangafuchi Abyss

La residencia imperial y el puente de Shinkyo

La residencia imperial y el puente de Shinkyo

Santuario Tōshō-gū y el templo Taiyū-in

Santuario Tōshō-gū y el templo Taiyū-in

 

Días 16 al 21: Tokio

El día 18 por la mañana pusimos rumbo a nuestra última y muy esperada parada en el viaje: Tokio. Salimos a las 8 de la mañana (nos vino genial que el hotel estuviera justo en frente de la estación para poder salir pronto y aprovechar el día en Tokio).

Tokio se merece un post aparte ya que es una ciudad inagotable. Por eso hemos preparado otro post solo con las cosas que hacer y ver en Tokio.


Y este ha sido nuestro viaje. Un minipunto para que se lo haya leído todo :D Esperamos que os sirva para organizar vuestro viaje. ¡Arigato gozaimasu!

 

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